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El Príncipe, de Maquiavelo.

Imagen El Príncipe, de Maquiavelo.

El Príncipe, de Maquiavelo. se dirige a

El Personal de tu empresa, Temática desarrollada específicamente para directores, gerentes y supervisores obviamente de que quienes vayan a tomar este curso sean directivos o gerentes o de la empresa. No se permite el acceso a mandos inferiores.

Digamos primero que hay dos maneras de llevar la Gerencia: una, con políticas; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un Gerente debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre. Un Gerente debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede durar mucho tiempo sin la otra. De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el Gerente se transforme en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se valen de las cualidades del león demuestran poca experiencia. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos. Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar

El Objetivo de El Príncipe, de Maquiavelo.:

Por supuesto este curso está enfocado de forma concreta y objetiva a: EL LOGRO DE RESULTADOS, CONQUISTA DE PUESTOS, AUTORIDAD, PODER Y MANDO.

Conceptos Amorales...sin escrúpulos, fríos, estos principios si no se tiene la Madurez o el Conocimiento Necesario; pueden ser catalogados como "sucios" ó "malévolos"; y es justamente por eso, que la temática completa de este curso no la tenemos disponible.

La duración de El Príncipe, de Maquiavelo., es de 6 horas y se imparte en la(s) fecha(s) y horario(s) que a su empresa le sean productivos. Incluso en fines de semana, días festivos o en horarios nocturno, viajamos a toda la república mexicana.

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Temática del curso El Príncipe, de Maquiavelo.
(las siguientes dos columnas hacia abajo)

El Gerente - El Príncipe

Basado totalmente en la esencia del Libro "El Príncipe" publicado en 1532, sobre métodos empleados por los políticos en sus gobiernos.

Nicolás Maquiavelo nació en Florencia el 3 de mayo de 1469.

Se dedicó a ser escritor y estadista y vivió en un confuso período político italiano.

Fue encarcelado por los Médicis en 1512, y previamente había ejercido varios cargos como consejero y embajador, como diplomático en etapas muy difíciles para la vida política de su país, pero que le permitieron en sus misiones, estar en contacto con la realidad política europea, experiencias que le sirvieron para sus escritos.

Falleció en Florencia, adonde había regresado enfermo, el 22 de junio de 1527.

Observaciones Importantes:

Haciendo a un lado toda clase de fantasías y mundos de hadas; yendo a fondo de manera simple en el logro y conquista de Puestos directivos, ya sea en organismos públicos, en la iniciativa privada, o en la política. Este curso es INDISPENSABLE, pues quien no conoce y domina el Arte de la Manipulación, Quien se asusta de Aplastar o eliminar a un compañero también candidato a ocupar una gerencia...no tiene la madera para ser Gerente. Cuando la Intriga no es un asunto ocioso de escritorio...sino cuando de manera profesional la intriga, la manipulación y el concepto maquiavélico se lleva sin culpas ni remordimientos.


Imagen El Príncipe, de Maquiavelo.

Dentro de este curso hemos decidido utilizar el término Gerente para denominar la opción como la del máximo puesto. Entiéndase que esta Gerencia bien podría ser una jefatura, una supervisión, una Dirección General o la Presidencia.

Diferenciar que tus seguidores o grupo siempre serán 2: los que están cerca de ti que pueden ser la gente de tu equipo o staff, o incluso personal directo bajo tu mando; y Los otros, los empleados del volumen o Juan Pueblo si es que tu actividad es la Política.

De la Gerencias Nuevas:

Pero las dificultades existen en Las Gerencias nuevas. Y si no es nuevo del todo, sino como miembro agregado a un conjunto anterior, que puede llamarse así mixto, sus incertidumbres nacen en primer lugar de una natural dificultad que estriba en que los empleados cambian con gusto de Gerente, creyendo mejorar; y esta creencia los impulsa a tornarse contra él; en lo cual se engañan, pues luego la experiencia les enseña que han empeorado.

Esto resulta de otra necesidad natural y común que hace que el Gerente se vea obligado a ofender a sus nuevos empleados, con mil vejaciones que el acto de la conquista lleva consigo.

De modo que tienes por enemigos a todos los que has ofendido al llegar a ocupar La Gerencia, y no puedes conservar como amigos a los que te han ayudado a conquistarla, porque no puedes satisfacerlos como ellos esperaban.

Y quien las adquiera, si desea conservarlas, debe tener dos cuidados: primero, que el personal del anterior Gerente desaparezca.

Ha de notarse, pues, que a los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque sí se vengan de las agresiones leves, de las graves no pueden; así que la agresión que se haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse.

No ignorando que el tiempo puede traer cualquier cosa consigo, y que puede engendrar tanto el bien como el mal, y tanto el mal como el bien

El ansia de conquista es, sin duda, un sentimiento muy natural y común, y siempre que lo hagan los que pueden, antes serán elogiados que censurados; pero cuando intentan hacerlo a toda costa los que no pueden, la censura es lícita.

De lo cual se infiere una regla general que rara vez o nunca falla: que el que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina. Porque es natural que el que se ha vuelto poderoso recele de la misma astucia o de la misma fuerza gracias a las cuales se le ha ayudado.

Pero una vez vencido y derrotado en campo abierto de manera que no pueda rehacer sus ejércitos, ya no hay que temer sino al grupo del Gerente; y extinguido éste, no queda nadie que signifique peligro, pues nadie goza de credibilidad en la empresa; y como antes de la victoria el vencedor no podía esperar nada do los subgerentes y supervisores, nada debe temer después de ella.

No bastará que extermines al staff del Gerente: quedarán los Subgerentes, que se harán cabecillas de los nuevos movimientos, y como no podrás conformarlos ni eliminarlos a todos, perderás la Gerencia en la primera oportunidad que se les presente.

Porque, en verdad, el único medio seguro de dominar una Gerencia acostumbrada a trabajar libre es destruirla. Quien se haga dueño de una Gerencia así y no la aplaste, espere a ser aplastado por ella.

Los hombres siguen casi siempre el camino abierto por otros y se empeñan en imitar las acciones de los demás; todo hombre prudente debe entrar en el camino seguido por los grandes e imitar a los que han sido excelsos, para que, si no los iguala en Cualidad, por lo menos se les acerque. El que menos ha confiado en la suerte es siempre el que más tiempo se ha conservado en su conquista

Pues debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar, que el introducir nuevas políticas ó leyes. Se explica: el innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes o políticas antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas.

La incredulidad de los hombres, que nunca creen en las cosas nuevas hasta que ven sus frutos

De donde se explica que todos los profetas armados hayan triunfado, y fracasado todos los que no tenían armas.

Hay que agregar, además, que los grupos son tornadizos; y que, si es fácil convencerlos de algo, es difícil mantenerlos fieles a esa convicción, por lo cual conviene estar preparados de tal manera, que, cuando ya no crean, se les pueda hacer creer por la fuerza.

Hay que reconocer que estos revolucionarios tropiezan con serias dificultades, que todos los peligros surgen en su camino y que sólo con gran valor pueden superarlos; pero vencidos los obstáculos, y una vez que han hecho desaparecer a los que tenían envidia de sus Cualidades, viven poderosos, seguros, honrados y felices.

Los que sólo por la suerte se convierten en Gerentes o poco esfuerzo necesitan para llegar a serlo, pero no se mantienen sino con muchísimo. Las dificultades no surgen en su camino, porque tales hombres vuelan, pero se presentan una vez instalados. Me refiero a los que compran una Gerencia o a los que la obtienen como regalo.

Empresas que nacen de pronto, como todas las cosas de la naturaleza que brotan y crecen precozmente, no pueden tener raíces ni sostenes que los defiendan del tiempo adverso; salvo que quienes se han convertido en forma tan súbita en Gerentes se pongan a la altura de lo que la fortuna ha depositado en sus manos, y sepan prepararse inmediatamente para conservarlo, y echen los cimientos que cualquier otro echa antes de llegar al Gerencia.

Porque las agresiones deben ejecutarse de una sola vez para que, durando menos, hieran menos; mientras que los beneficios deben proporcionarse poco a poco, a fin de que se saboreen mejor.

Y, sobre todas las cosas, un Gerente vivirá con sus empleados de manera tal, que ningún acontecimiento, favorable o adverso, lo haga variar; pues la necesidad que se presenta en los tiempos difíciles y que no se ha previsto, tú no puedes remediarla; y el bien que tú hagas ahora de nada sirve ni nadie te lo agradece, porque se considera hecho a la fuerza.

El que llegue a Gerente mediante el favor del grupo debe esforzarse en conservar su afecto, cosa fácil, pues el grupo sólo pide no ser oprimido.

Por lo tanto, aquel que en un Gerencia no descubre los males sino una vez nacidos, no es verdaderamente Inteligente; pero ésta es Cualidad que tienen pocos.

Concluyo, pues, que sin Información, Conocimiento, e Informantes propios no hay Gerencia segura.

Un Gerente no debe tener otro objeto ni pensamiento ni preocuparse de cosa alguna fuera del arte de la Dirección y lo que a su orden y disciplina corresponde, pues es lo único que compete a quien manda.

Un Gerente jamás debe dejar de ocuparse del arte de la Dirección, y durante los tiempos de estabilidad y crecimiento económico debe ejercitarse más que en los de crisis.

En cuanto al ejercicio de la mente, el Gerente debe estudiar la Historia, examinar las acciones de los Grandes Gerentes y Directores, ver cómo se han conducido en las Ventas y en la Dirección, analizar el por qué de sus victorias y derrotas para evitar éstas y tratar de lograr aquéllas.

Dejando, pues, a un lado las fantasías, y preocupándonos sólo de las cosas reales, digo que todos los hombres, cuando se habla de ellos, y en particular los Gerentes, por ocupar posiciones más elevadas, son juzgados por algunas de estas cualidades que les valen o censura o elogio:

Uno es llamado pródigo, otro tacaño; uno es considerado dadivoso, otro rapaz; uno cruel, otro clemente; uno traidor, otro leal; uno afeminado y pusilánime, otro decidido y animoso; uno humano, otro soberbio; uno lujurioso, otro casto; uno sincero, otro astuto; uno duro, otro débil; uno grave, otro. frívolo; uno religioso, otro incrédulo, y así sucesivamente

Con aquello que no es del Gerente ni de sus empleados se puede ser extremadamente generoso, porque el derrochar lo ajeno, antes concede que quita reputación; sólo el gastar lo de uno perjudica.

Y si hay algo que deba evitarse, es el ser despreciado y odioso, y a ambas cosa conduce la prodigalidad. Por lo tanto, es más prudente contentarse con el tilde de tacaño que implica una vergüenza sin odio, que, por ganar fama de pródigo, incurrir en el de expoliador, que implica una vergüenza con odio

DE LA CRUELDAD Y LA CLEMENCIA; Y SI ES MEJOR SER AMADO QUE TEMIDO, O SER TEMIDO QUE AMADO

Por lo tanto, un Gerente no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los empleados; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes, causas de pérdidas y saqueos que perjudican a toda la empresa.

Sin embargo, debe ser cauto en el creer y el actuar, no tener miedo de sí mismo y proceder con moderación, prudencia y humanidad, de modo que una excesiva confianza no lo vuelva imprudente, y una desconfianza exagerada, intolerable.

Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado.

Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro.

Mientras les haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pues -como antes expliqué- ninguna necesidad tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta se rebelan. Y el Gerente que ha descansado por entero en su palabra va a la ruina al no haber tomado otras providencias; porque las amistades que se adquieren con el dinero y no con !a altura y nobleza de alma son amistades merecidas, pero de las cuales no se dispone, y llegada la oportunidad no se las puede utilizar. Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se pierde nunca. No obstante lo cual, el Gerente debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el amor, evite el odio, pues no es imposible ser a la vez temido y no odiado; y para ello bastará que se abstenga de apoderarse de los bienes y de las prestaciones de sus empleados, y que no proceda a "despedir" a alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto; pero sobre todo abstenerse de los bienes ajenos, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio. Luego, nunca faltan excusas para despojar a los demás de sus prestaciones, y el que empieza a vivir de la rapiña siempre encuentra pretextos para apoderarse de lo ajeno.

Pero cuando el Gerente está al frente de sus empleados y tiene que dirigir a subgerentes, supervisores, vendedores y empleados, es absolutamente necesario que no se preocupe si merece fama de cruel, porque sin esta fama jamás podrá tenerse grupo alguno unido y dispuesto a trabajar.

Volviendo a la cuestión de ser amado o temido, concluyo que, como el amar depende de la voluntad de los hombres y el temer de la voluntad del Gerente, un Gerente prudente debe apoyarse en lo suyo y no en lo ajeno, pero, como he dicho, tratando siempre de evitar el odio

Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el Gerente que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los Gerentes, Directores o Políticos que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas.

Digamos primero que hay dos maneras de llevar la Gerencia: una, con políticas; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un Gerente debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre.

Un Gerente debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede durar mucho tiempo sin la otra.

De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el Gerente se transforme en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se valen de las cualidades del león demuestran poca experiencia.

Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos.

Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

Alejandro VI nunca hizo ni pensó en otra cosa que en engañar a los hombres, y siempre halló oportunidad para hacerlo. Jamás hubo hombre que prometiese con mis desparpajo ni que hiciera tantos juramentos sin cumplir ninguno; y, sin embargo, los engaños siempre le salieron a pedir de boca, porque conocía bien esta parte del mundo.

No es preciso que un Gerente posea todas las Cualidades citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario.

Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal.

Por todo esto un Gerente debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las cinco Cualidades citadas, y de que, al verlo y oírlo, parezca la clemencia, el optimismo, la honradez y la religión mismas, sobre todo esta última. Pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la Gerencia. Y en las acciones de los hombres, y particularmente de los Gerentes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Trate, pues, un Gerente de vencer y conservar la Gerencia, que los medios siempre serán honorables y elogiados por todos; porque las masas se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay masas, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse. Un Gerente de estos tiempos, a quien no es oportuno nombrar, jamás predica otra cosa que concordia y buena fe; y es enemigo acérrimo de ambas, ya que, si las hubiese observado, habría perdido más de una vez la fama y las tierras.

Trate el Gerente de huir de las cosas que lo hagan odioso o despreciable, y una vez logrado, habrá cumplido con su deber y no tendrá nada que temer de los otros vicios.

Porque la mayoría de los hombres, mientras no se ven privados de sus bienes y de su honor, viven contentos; y el Gerente queda libre para combatir la ambición de los menos que puede cortar fácilmente y de mil maneras distintas.

Hace despreciable al Gerente, el ser considerado voluble, frívolo, afeminado, pusilánime y vicioso, defectos de los cuales debe alejarse de inmediato, e ingeniarse para que en sus actos se reconozca grandeza, valentía, seriedad y fuerza. Y con respecto a los asuntos privados de los empleados, debe procurar que sus fallos sean irrevocables y empeñarse en adquirir tal autoridad que nadie piense en engañarlo ni envolverlo con intrigas.

El Gerente que conquista semejante autoridad es siempre respetado, pues difícilmente se conspira contra quien es respetado.

Llego, pues, a la conclusión de que un Gerente, cuando es apreciado por sus empleados, debe cuidarse muy poco de las conspiraciones; pero que debe temer todo y a todos cuando lo tienen por enemigo y es aborrecido por él. La Empresa bien organizados y los Gerentes Inteligentes siempre han procurado no exasperar a los Directores o a otros Gerentes y, a la vez, tener satisfecho y contento a su grupo de empleados. Es éste uno de los puntos a que más debe atender un Gerente.

Asimismo se estima al Gerente capaz de ser amigo o enemigo franco, es decir, al que, sin temores de ninguna índole, sabe declararse abiertamente en favor de un Gerente o Director y en contra de otro. El abrazar un partido es siempre más conveniente que el permanecer neutral.

Y siempre verás que aquel que no es tu amigo te exigirá la neutralidad, y aquel que es amigo tuyo te exigirá que demuestres tus sentimientos con las armas. Los Gerentes Mediocres, para evitar los peligros presentes, siguen la más de las veces el camino de la neutralidad, y las más de las veces fracasan. Pero cuando el Gerente se declara valientemente por una de las partes, si triunfa aquella a la que se une, aunque sea poderosa y él quede a su discreción, estarán unidos por un vinculo de reconocimiento y de afecto; y los hombres nunca son tan malvados que dando prueba de tamaña ingratitud, lo sojuzguen.

Conviene advertir que un Gerente nunca debe aliarse con otro más poderoso para atacar a terceros, sino, de acuerdo con lo dicho, cuando las circunstancias lo obligan, porque si venciera queda en su poder, y los Gerentes deben hacer lo posible por no quedar a disposición de otros.

La prudencia estriba en saber conocer la naturaleza de los inconvenientes y aceptar el menos malo por bueno.

El Gerente también se mostrará amante de la Cualidad y honrará a los que se distingan en el logro de metas y objetivos. Asimismo, dará seguridades a los empleados para que puedan dedicarse tranquilamente a sus profesiones y actividades dentro de la empresa. Lejos de esto, instituirá premios para recompensar a quienes lo hagan y a quienes traten, por cualquier medio, de engrandecer a la Empresa o a La Gerencia

Reúnase de vez en vez con ellos y dé pruebas de sencillez y generosidad, sin olvidarse, no obstante, de la dignidad que inviste, que no debe faltarle en, ninguna ocasión.

La primera opinión que se tiene del juicio de un Gerente se funda en los hombres que lo rodean: si son capaces y fieles, podrá reputárselo por Inteligente, pues supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles; pero cuando no lo son, no podrá considerarse prudente a un Gerente que el primer error que comete lo comete en esta elección.

Para conocer a un Subgerente o Asistente hay un modo que no falla nunca. Cuando se ve que un Asistente piensa más en él mismo que en uno y que en todo no busca sino su provecho, estamos en presencia de un Asistente que nunca será bueno y en quien el Gerente nunca podrá confiar. Porque el que tiene en sus manos La Gerencia de otro jamás debe pensar en sí mismo, sino en el Gerente, y no recordarle sino las cosas que pertenezcan a él. Por su parte, el Gerente, para mantenerlo constante en su fidelidad, debe pensar en el ministro. Debe honrarlo, enriquecerlo y colmarlo de cargos, de manera que comprenda que no puede estar sin él, y que los muchos honores no le hagan desear más honores, las muchas riquezas no le hagan ansiar más riquezas y los muchos cargos le hagan temer los cambios políticos. Cuando los subgerentes y supervisores, y los Gerentes con respecto a los subgerentes y supervisores, proceden así, pueden confiar unos en otros; pero cuando proceden de otro modo, las consecuencias son perjudiciales tanto para unos como para otros.

No quiero pasar por alto un asunto importante, y es la falta en que con facilidad caen los Gerentes si no son muy prudentes o no saben elegir bien. Me refiero a los aduladores, que abundan en todas las cortes. Porque los hombres se complacen tanto en sus propias obras, de tal modo se engañan, que no atinan a defenderse de aquella calamidad; y cuando quieren defenderse, se exponen al peligro de hacerse despreciables. Pues no hay otra manera de evitar la adulación que el hacer comprender a los hombres que no ofenden al decir la verdad; y resulta que, cuando todos pueden decir la verdad, faltan al respeto. Por lo tanto, un Gerente prudente debe preferir un tercer modo: rodearse de los hombres de buen juicio en su Gerencia, únicos a los que dará libertad para decirle la verdad, aunque en las cosas sobre las cuales sean interrogados y sólo en ellas. Pero debe interrogarlos sobre todos los tópicos, escuchar sus opiniones con paciencia y después resolver por si y a su albedrío. Y con estos consejeros comportarse de tal manera que nadie ignore que será tanto más estimado cuanto más libremente hable. Fuera de ellos, no escuchar a ningún otro, poner en seguida en práctica lo resuelto y ser obstinado en su cumplimiento. Quien no procede así se pierde por culpa de los aduladores o, si cambia a menudo de parecer, es tenido en menos.

Un Gerente debe pedir consejo siempre, pero cuando él lo considere conveniente y no cuando lo consideren conveniente los demás, por lo cual debe evitar que nadie emita pareceres mientras no sea interrogado. Debe preguntar a menudo, escuchar con paciencia la verdad acerca de las cosas sobre las cuales ha interrogado y ofenderse cuando entera de que alguien no se la ha dicho por temor.

Porque los hombres se ganan mucho mejor con las cosas presentes que con las pasadas, y cuando en las presentes hallan provecho, las gozan sin inquirir nada; y mientras el Gerente no se desmerezca en las otras cosas, estarán siempre dispuestos a defenderlo. Así, el Gerente tendrá la doble gloria de haber creado un Gerencia nuevo y de haberlo mejorado y fortificado con buenas políticas, buenos conocimientos, buenos amigos y buenos ejemplos.

Sin embargo, considero que es preferible ser impetuoso y no cauto, porque la fortuna es mujer y se hace preciso, si se la quiere tener sumisa, golpearla y lastimarla. Y se ve que se deja dominar por éstos antes que por los que actúan con tibieza. Y, como mujer, es amiga de los jóvenes, porque son menos prudentes y más fogosos y se imponen con más audacia.





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Tipo conferencia, con la participación interactiva del grupo, se realizan ejercicios y pequeñas clínicas. Estructurada en 2 aspectos, el primero de ellos: anímico, emocional y de valores; y el segundo: del conocimiento para efectuar su actividad, logrando con ambos la puesta en marcha del compromiso del participante para el aumento de la eficiencia y productividad laboral.



El material par el curso que aporta DISENiO, S.A. de C.V. incluye:
1.- Personalizador (identificador de cartulina con el nombre del participante)
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Libros recomendados (no obligatorios) para el curso El Príncipe, de Maquiavelo.:
El Príncipe. De Niocolás Maquiavelo
El Arte de la guerra. De Sun Tzu.

Imagen El Príncipe.

De Niocolás Maquiavelo      Imagen El Arte de la guerra.


De Sun Tzu.

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